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Acción y reacción

imagen8Todos conocemos la ley física que indica “Toda acción genera una reacción de igual fuerza pero de sentido contrario” en su estado natural lo habitual es que la reacción se aplique sobre el elemento que generó la acción no sobre otro, sin embargo parece que en el entorno financiero esto no es así.

Recientemente me encontré con una situación que me dejó francamente sorprendido, me dirigí a la entidad financiera con la que llevo operando toda la vida, sin ningún tipo de incidente, con la idea de solicitar un préstamo. Estuve conversando con el director de la sucursal, persona a la que conozco desde hace más de 15 años, de tal modo que el trato cuando menos lo podríamos clasificar de cordial, sin embargo a lo largo de la conversación iba creciendo en mi un cierto desasosiego, y me iban asaltando dudas del tipo: ¿acaso no soy cliente de la entidad desde hace casi 20 años?, ¿acaso Pepe (el director) no me conoce tanto a mi, como a mi empresa, cómo a mi entorno social?, ¿acaso Pepe, tiene capacidad para ver el futuro y por ello actúa de esta forma?, en definitiva Pepe me transmitía los siguientes mensajes:
1º- Eres un privilegiado porque en tu caso si lo quieres lo tienes.
2º- Puesto que eres un privilegiado y te voy a dar el préstamo te lo voy a cobrar como si te fuera imperiosamente necesario que contrates el préstamo y por tanto pagarás lo que yo quiera.

Sin embargo los mensajes que yo percibía eran los siguientes:
1º- La entidad tiene un problema de liquidez más que importante, aplicando para subsanarlo una política de incremento de rentabilidad sobre un menor volumen de recursos. Puesto que mis recursos son muy limitados la única forma de poder mantener la rentabilidad es incrementar su precio sustancialmente. Algo así como si fuéramos a la panadería y viéramos que la barra de pan cuesta el doble que ayer y al preguntar al panadero nos dijera: “es que como fié a otro cliente (al que no conocía) y no me pagó a ti, que te conozco y se que vas a pagar, te cobraré el doble y así recuperaré mi pérdida anterior”.
2º- Sus responsables comerciales y sus programas de segmentación de clientes no están tomando las decisiones adecuadas. Como en el pasado mi afán de crecer y ganar más me hizo que aplicara la política de que todos los clientes eran solventes hasta el fin de los días y ahora tengo demasiadas dificultades hoy doy por supuesto que todos los clientes son potencialmente insolventes y no confío en ninguno de ellos. Sin embargo algunas entidades financieras aprovechan esta reacción del mercado para crecer. Por ejemplo el banco Noruego Nordea Bank ha incrementado su nivel de créditos y préstamos un 5 % durante el primer semestre del 2009 con respecto al primer semestre del 2008, mientras que Credit Suisse ha incrementado su nivel de créditos y préstamos en el 3,6 % en el mismo período de tiempo.

En definitiva es evidente que en momentos de dificultades cada uno puede reaccionar como considere más adecuado pero desde mi particular punto de vista no acabo de entender el hecho que sean los buenos clientes de las entidades financieras los que finalmente paguen los platos rotos de sus errores de gestión. De hecho ¿qué sucedería con las entidades financieras si el colectivo de clientes que hoy en día tienen capacidad para solicitar y conseguir financiación, ante la disyuntiva de pagar un precio abusivo por los recursos ajenos se decantaran por consumir parte de su liquidez?

Supongamos el caso de un cliente a quién la crisis no le esté afectando en sus ingresos que por una parte dispone de un nivel de liquidez de 100 € y que se está planteando realizar una compra de 25 € que le gustaría financiar para así mantener su nivel de liquidez. Si la entidad financiera le propone un coste demasiado alto o no le facilita la financiación el cliente podría optar por utilizar parte de su liquidez para acometer la compra, de tal modo que los resultados para la entidad financiera serían los siguientes:
1º- Perdería recursos ajenos por valor de 25 €
2º- Dejaría de percibir los ingresos de un préstamo de 25 €, con un nivel de riesgo mínimo.
3º- Puesto que la tasa de cobertura que se exige a la entidades financieras para poder dar préstamos es del 8 % la aminoración en 25 € de su nivel de recursos ajenos le haría perder la posibilidad de dar préstamos o créditos por valor de 312,50 €.

Por otra parte si la decisión fuera no realizar la compra lo que sucedería es que el proveedor del producto o servicio no vendería con lo que finalmente nos veríamos todos afectados, menor recaudación de impuestos, menor nivel de compras a proveedores, etc.

En definitiva la reacción a la política de “todo el mundo es solvente y buen pagador” no puede ser la de “todo el mundo es un potencial insolvente y mal pagador”, pues si el mercado financiero actúa así es posible que al final lo consiga, de tal modo que al final todos seamos insolventes.




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